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¿Y SI PUDIERAS MEJORAR TUS RESULTADOS?
“Todos estamos siempre vendiendo algo, al menos vendemos nuestra propia imagen ante los demás”
Que todos estamos siempre vendiendo algo no es una creencia que la mayoría de las personas tenga asumida como verdad. De hecho, para mucha gente vender es algo que se ha convertido en un sinónimo de mal trabajo, última opción laboral o “Algo que hago mientras encuentro de lo mío” —como dicen algunos.
Vender es el arte de transmitir una emoción a otro ser humano, a través del servicio, del buen trato y la confianza.
Esa emoción transmitida la adjuntamos siempre de un producto o servicio, pero al final de todo el proceso, siempre estamos comprando un estado emocional.
Hoy en día, más que nunca, debemos de entender este principio y asumir que todos vendemos algo, incluso quien cree que no está vendiendo nada por estar metido en una oficina sin que nadie le vea durante todo el día, está vendiendo su tiempo o sus servicios por un precio pactado.
El que se encuentra en desempleo ha de saber venderse y competir con los millones de personas que se encuentran en su estado.
Las empresas deben y quieren vender más y mejor en este tiempo en el que las reglas del juego están en constante cambio evolutivo.
Hace unos años decidí dedicar mi vida a asesorar a quienes desean aumentar sus ventas convirtiéndolas en más eficaces, más rentables y más sostenibles en el tiempo.
Para ello desarrollé un programa formativo en el que a través de un proceso lógico de incorporación del aprendizaje, una persona, un equipo o cualquier organización pudiera pasar de tomar consciencia a través del Coaching a asumir la responsabilidad necesaria para abordar los cambios precisos…
Y por supuesto a acometer las acciones pertinentes y coherentes para que ese deseo de aumentar las ventas fuese una realidad.
Cada año vemos a cientos de negocios abrir y cerrar con las correspondientes consecuencias que esto acarrea, tanto de carácter administrativo como profesional y por supuesto personal.
Miles de familias en este país se encuentran pagando negocios que ya no existen. Mis preguntas son:
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¿Qué pasó para que esos negocios cerraran?
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¿Hubiera habido alguna opción de seguir abiertos y además ser rentables?
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¿Fueron acontecimientos externos o internos los que provocaron ese cierre?
En mi opinión, y por mi experiencia, los ingredientes internos suelen ser mucho más decisivos en el fracaso de un negocio que los externos.
Ni que decir tiene que el éxito de ese negocio también depende más de valores, principios y hábitos internos que de elementos externos.
Ahora bien, lanzo una pregunta más:
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¿Qué factores hacen que un negocio entre en un alto riesgo de fracaso?
Las respuestas a esta pregunta las voy a enumerar:
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Que el modelo de creencias sea erróneo; es decir desconocer qué pienso y creo acerca del mercado e incluso acerca de mi mismo.
Nuestras creencias van a determinar nuestra calidad de vida y nuestros resultados.
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Es importante definir la dirección, es decir, hacia dónde vamos como empresa, como equipo, como persona y cuál es el lugar exacto donde queremos llegar.
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Por otro lado, la falta tanto de un plan personal como de un plan profesional que estén perfectamente alineados hacia la misma dirección.
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Incapacidad de auto motivación, o lo que es igual, no saber cuál es el motivo que va a hacer que sepamos sacar fuerzas cada día para ponernos en acción.
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No podemos obviar que la mala gestión del tiempo es otra de las causas importantes de la caída de ventas y el cierre de negocios.
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Por supuesto carecer de una buena imagen corporativa que comunique lo que somos es evidentemente lógico.
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La dispersión en el enfoque pues mantenerse enfocado es importantísimo.
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Y por último y no menos importante, no haber abordado la creación e implantación de un sistema de trabajo estricto, en cuanto a su ejecución, al mismo tiempo que flexible, en cuanto a su análisis y adaptación al mercado.
Debemos de recordar, nos dediquemos a lo que nos dediquemos, que trabajar sin un sistema de trabajo y mal enfocados significará que tener éxito será cuestión de suerte y que fracasar solo es cuestión de tiempo.
Te invito, para concluir, a reflexionar las siguientes cuestiones:
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¿Qué es lo que vendo?
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¿Qué emoción debo de mantener viva en mí para poder vender más y mejor?
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¿Sé hacia dónde voy?
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¿Tengo un plan perfectamente definido?
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¿Qué motivos tengo para mantenerme fuerte y enfocado?
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¿Cómo gestiono mi tiempo?
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¿Tengo un sistema que me ayude a todo esto?
¿Sabes? Es mejor un mal plan y un mal sistema bien ejecutados, que unos excelentes guardados en un cajón, porque estos solo serán parte de un perfecto manual de declaración de intenciones.
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No dejes que estas reflexiones se queden solo en palabras… llévalas contigo.
