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VIVIR EN EL AGRADECIMIENTO
“Lo importante no es ganar ni perder, sino pelear por ofrecer lo mejor de ti cada día”
Quisiera agradecer a todo aquel que haya sumado para crear una sociedad cada vez mejor.
Creo que agradecer es algo que necesitamos experimentar mucho más de lo que lo hacemos, tanto a la hora de decirlo, como de escucharlo. La necesidad de ser reconocido y agradecido es algo muy importante y poco habitual.
Quizá, si cada día decidiéramos dar gracias a quienes nos sirven, de cualquier forma —a tu familia, en la cafetería donde tomas un café, al ir a una tienda, donde pones combustible a tu vehículo, a tus compañeros de trabajo, a tu jefe, a un amigo…—, recibiríamos cientos de agradecimientos.
Dar gracias al levantarse, al vivir durante todo el día y al acostarnos nos dará la oportunidad de vivir en un estado de gracia y de mantenernos en una emoción más halagüeña para estar más predispuestos a ser más atentos con los demás.
Obvio que si todos hiciéramos lo mismo, tú también los recibirías ¿verdad?
Hay festejos sociales que nos hacen estar más sensibles, más abiertos a la posibilidad de cambiar algunos hábitos; abundan las buenas intenciones y las promesas de mejora.
La filosofía japonesa del Kaizen (mejora continua) es muy buena para aplicarla ahora, ya que a veces esperamos hacer grandes cambios y eso no sucede casi nunca.
Por eso es mejor plantearse pequeños cambios en el día a día, sabiendo que la suma de pequeños avances supondrá un gran cambio en el futuro cercano.
En Navidades de cada año se mira con añoranza el año a punto de vencer y con ilusión el nuevo año, por ejemplo. Sería buenísimo que en cada cambio de año sr recordara lo importante que es el agradecimiento.
Esta decisión no solo nos alejará de la queja, sino que nos situará en una situación de liderazgo, porque empezaremos a crear otro tipo de conversaciones más poderosas para inventar más posibilidades de crecimiento personal y profesional.
Yo quiero cerrar cada año así, agradeciendo a mis clientes la confianza que han depositado en mí y en mi empresa; a mis proveedores, por dar un servicio de calidad; a cada colaborador que ha hecho posible crear cursos y sinergia; a mis colegas de profesión por seguir elevando conciencia y siendo fuente de inspiración para las demás personas; a mis alumnos de coaching, por querer ser mejores personas; a mis socios, por retarme y al mismo tiempo apoyarme en cada segundo de ese año.
También quiero dar las gracias a mi familia, por creer en mí aun en momentos de dificultad; a mi esposa, por hacerme vivir en el presente y a cada persona que, por alguna razón, nuestros caminos se han cruzado ese año.
Permitidme, ya que es un área en la trabajo con frecuencia, Incluir en esta lista de agradecimiento “entre años” a todos los deportistas que en ese año nos hicieron sentir orgullosos de nuestro país, de nuestra bandera y nos unieron de alguna manera en un sentimiento de extrema felicidad.
Gracias a quienes ganaron y a quienes perdieron, por transmitirnos a través del deporte los valores del trabajo, del esfuerzo, de la persistencia, del coraje, de la paciencia y de la fe.
Y, además, por enseñarnos que lo importante no es ganar ni perder, sino dar lo mejor de cada uno en cada día.
Un aspecto importante es pensar en cómo mejorar el desempeño de los demás, lo que yo llamaría “Ser catalizador de actitud”, permíteme una última reflexión al respecto…
Estarás conmigo que nos encanta estar con personas que nos hacen sentir mejor sin saber bien por qué.
Cuando vamos conduciendo nuestro coche y un semáforo se pone de repente en rojo, frenamos sin pensar, es decir, como reacción.
A veces escuchamos una canción que nos recuerda a una persona, o a un momento especial de nuestra vida. Un sabor que nos evoca un momento o un olor que nos lleva a un estado.
Todo eso que nos lleva a sentir un estado emocional, y que creemos que no podemos controlar es lo que los expertos llamamos anclajes.
Recuerda que este tema de los anclajes ya lo hemos desarrollado tanto en el segundo libro de esta colección (Sinfonía de Verano) como en este mismo libro en la Semana 28, pero como es importante, volvamos a verlo añadiendo algún que otro ejemplo y detalle.
Cuando un disparador externo funciona a modo de resorte para desencadenar todo un proceso de neuroasociaciones que terminan por llevarnos a un estado distinto al que teníamos hasta ese momento, entonces estamos hablando de anclaje.
Para mí, por ejemplo, probar un café con leche condensada, es evocar los recuerdos de mi abuela. Estoy seguro de que puedes identificar muchos de estos anclajes (o anchoring, como decíamos) que tienes en tu vida.
Muchos son buenos y otros no tan buenos, ya que unos pueden desencadenar emociones que nos potencien o nos ayuden y otros pueden paralizarnos y dejarnos bloqueados, como por ejemplo una mordida de un perro o un accidente.
Para que se pueda producir este anclaje, es decir, para que un estímulo externo quede neuroasociado a una emoción, debe de producirse en un estado emocional de alta intensidad, lo que significa que debemos de estar sintiendo esa emoción de una manera vehemente.
Recuerda los estudios del doctor ruso Iván Pávlov, a finales del s. XIX sobre el reflejo condicionado llegando a conseguir tras una serie de experimentos que sus famosos perros salivaran solo al oír una campanita aunque no hubiera alimento a la vista.
Hace algo más de una década el lateral del Barça Eric Abidal pasó por el quirófano para ser intervenido de un tumor en el hígado que le fue detectado. Afortunadamente, la operación se realizó satisfactoriamente, pero lo que quiero resaltar es la actitud del ex-jugador blaugrana, siendo él quien animaba a sus compañeros en lugar de ser al revés, como se pudo escuchar cuando lo relataba Xavi Hernández.
Es impresionante reconocer a una persona capaz de ser catalizador o ser ese estímulo externo que otros necesitan para sentirse mejor o cambiar su estado.
Definitivamente, creo que las personas pueden llegar a convertirse en anclajes emocionales para otros y ser el resorte que les haga sentirse mejor y he podido comprobar siguiendo la trayectoria de Abidal cómo acabó eligiendo ser así y decidiendo que su actitud sería un elemento decisivo en la recuperación que fue un éxito permitiéndole algunos años más tanto como profesional como director deportivo.
De igual manera, las personas deberíamos de huir de aquellas compañías que se pasan el día quejándose, como si eso fuera a cambiar algo de las situaciones y hablando mal de los demás, como si tuvieran poco de qué hablar de ellos mismos.
Te invito a reflexionar sobre esta idea de ser tú quien haga que las personas se sientan mejor cada día. Al fin y al cabo, a todos nos gusta estar en compañía de gente que nos haga sentirnos bien, aunque no sepamos explicar por qué.
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