Skip to content

TE RASCO PORQUE ME RASCAS Reflexiones

  • TE RASCO PORQUE ME RASCAS

Dar a cambio de no esperar es mejor que esperar a cambio de dar”

La historia de Kisko

Hubo una vez una guerra tan estúpida como todas las guerras. Una tarde de verano, una bomba cayó cerca de la casa de Kisko, un niño de apenas siete años que se vio sorprendido por la explosión.

El daño material fue atroz, pero ridículo con respecto al daño humano de quienes habitaban cerca de donde el maldito explosivo hizo su trabajo.

A Kisko le fue arrancada de cuajo y en el acto una de sus piernas y esto le hizo perder mucha sangre. El niño lloraba de dolor, más emocional que físico.

Cuando los médicos lograron cortarle la tremenda hemorragia que la amputación había provocado se dispusieron a operar de inmediato, fundamentalmente para salvar su vida.

El pequeño necesitaba sangre y la única persona compatible para donarle era su hermanita Yina, de tan solo un año más que Kisko.

¿Quieres dar tu sangre a tu hermano?” —le preguntaron a la pequeña, quien no dudo en responder un rotundo “¡Sí!”.

Todo se dispuso para intervenir al niño, anestesistas, enfermeras, cirujanos…; ambos niños estaban preparados para la intervención.

Yina parecía nerviosa, pero lo disimulaba bastante bien. Cuando le pincharon las frías agujas en sus frágiles antebrazos, la niña comenzó a llorar; pareciera que era miedo…

Una de las enfermeras preguntó: “Tienes miedo pequeña?”.

A lo que ella respondió: “No señora, pero me gustaría saber cuánto tiempo voy a vivir después de darle mi sangre a mi hermano”.

Yina pudo dormirse tranquila cuando supo que no tenía que dar toda su sangre para salvar la vida de Kisko, pero lo más hermoso es que estaba dispuesta a dar su propia vida a cambio de salvar la de su hermanito más pequeño.

Yina entendía que el amor es dar sin esperar y más aún estaba dispuesta a hacerlo sin pedir nada a cambio.

Cada día que pasa me pregunto: “¿Qué, cuánto y a quién di hoy?”.

Muchas veces me pillo a mí mismo dando, mientras espero en lo más profundo de mi corazón que el recibidor de mi acción devuelva de alguna manera lo que le di. No es malo recibir a cambo de lo que dimos, pero cada día creo más profundamente en el dar, a cambio de volver a dar.

Fundamentalmente cuando se trata de darte a ti mismo; de entregarte en cuerpo y alma a lo que haces.

Mientras “Te rasque porque me rascas” estaremos hablando de querer poseer cosas, experiencias, estados…

Pero el día que “Te rasque porque deseo complacerte” sabré que te estoy amando de verdad.

Me pido a mí mismo cada día que mi corazón se transforme en el darme.

Sé que es fácil decir esto cuando vivimos en una sociedad donde la probabilidad de que nos caiga hoy una bomba, como a Kisko, es pequeña… pero no imposible.

Cuando miraba, por ejemplo, a nuestro país vecino (Francia) y veía lo que unos fanáticos, convencidos de poseer la verdad, fueron capaces de hacer, me recordaba a mí mismo lo cerca que estamos cada día de morir. Al año siguiente otra vez en Francia y al siguiente nos tocó en Cataluña, y esa sensación creció.

Cómo decía un buen amigo mío “Es una casualidad que estemos vivos”. Así que mientras pueda respirar, quiero elegir cada día aumentar mi capacidad de darme, de hacer mejor mi trabajo, de amar más y mejor.

Aun sabiendo que la posibilidad de recibir poco, nada o incluso de recibir algo malo, como críticas, juicios o desprecios, está ahí.

Recuerdo cuando tuvimos la oportunidad de volver a impartir el módulo de Inteligencia Emocional a una treintena de alumnos que se estaban formando como coaches profesionales en nuestro Máster de Coaching (Título Universitario de Fundación San Pablo Andalucía CEU) y tuvieron la ocasión de experimentar una de las dinámicas más hermosas que enseñamos en nuestros cursos. Tuvieron que buscar y decir a todos los compañeros cosas hermosas y la experiencia fue simplemente colapsante. Recibir en unos minutos tantos halagos y piropos es una “caricia al alma”; y al mismo tiempo, tener que pensar en decir a quienes te rodean cosas agradables, hizo que por (más de dos horas que duró la dinámica) solo pudiéramos pensar en bendecir (bien-decir)… en dar, sin esperar nada, en este caso un elogio sincero.

Las experiencias de todos los futuros Coaches coincidió en el comentario de que “Dar algo así ha sido una experiencia enorme, de recibir algo mucho más grande”.

Pero lo realmente maravilloso es que ninguno esperaba recibir nada, seguramente por eso la vida les devolvió lo que dieron, multiplicado por cien.

Como decía Nietzsche: “Hagamos de nosotros mismos una verdadera obra de arte”.

Para eso y como parte del camino a seguir para lograrlo, la pregunta que deberíamos de hacernos continuamente es: “¿Qué estoy dispuesto a dar hoy, aunque no reciba nada a cambio?”.

No inventarse al otro, sino descubrirlo

Pasamos la vida inventándonos a las personas que nos rodean en lugar de descubrirlas.

Hace años paseaba con unos amigos por Granada y, al caer la tarde, decidimos pararnos a tomar un refresco en una terraza, cerca del Albaicín.

Yo me retrasé un poco y cuando me acerqué a la mesa, mis amigos, estaban quejándose de la camarera.

Guillermo, uno de esos amigos que se encontraban allí, me puso al tanto: habían pasado ya varios minutos desde mi llegada cuando Cecilia, otra de las amigas, protestó: “¿Es posible que esta camarera haga todo sin levantar la cabeza?”.

–“¡Cuidado! Quizá mató a alguien y se está escondiendo de la policía. No es mala idea”, —bromeó Guille.

¡Qué cosa, lo de denunciarla por matar de hambre a sus clientes! Bueno, quizá tiene tanta experiencia en el oficio que se dio cuenta de que no queríamos tomar nada…”— contesté.

¡Ah, no! –se enojó Cecilia– Siéntate a descansar en una de estas mesas sin un céntimo y verás cómo instantáneamente vienen a echarte”.

Por fin la chica nos miró y con un movimiento de su cabeza indicó que enseguida nos atendería. Para ese momento, en la mesa ya estábamos navegando en la conversación: “Qué mal que te atienden en los bares”.

En eso llegó Malena y confirmamos que como camarera era pésima, pero su carácter era aún peor. Yo, que al principio me reía de la situación, ya estaba sintiéndome ofendido por su actitud, así que, sin levantar la mirada, pedí unos refrescos.

Por su falta de acento granadino, con Cecilia concluimos que la chica no era del lugar y por la mala atención, que era nueva –o demasiado vieja y amargada– en el oficio.

Malena estaba dejando sobre la mesa unos vasos y le pregunté: “¿Cómo te llamas?”.

Quizá por lo inesperado de la pregunta, ella me miró asustada. Volví a preguntar por segunda vez: “Hola, ¿cómo te llamas?”.

¿Yo?”, —preguntó ella.

Sí” —contesté con una sonrisa…

Malena” —dijo, al tiempo que parecía despertar.

Entonces me puse a hablar con ella y casi al final le dije si le podía hacer una pregunta más.

Sí” —contestó ella manteniéndose a distancia con la mirada.

¿Sueñas despierta?” —le espeté ante el asombro de quienes estaban allí.

Se sonrió y dijo: “Siempre”.

¿Y puedo saber con qué sueñas?” —le pregunté de nuevo.

Siempre quise ser bailaora de flamenco” —contestó.

Cerré la conversación diciéndole: “Te felicito por seguir tus sueños”.

Lo pasamos luego realmente bien, pero lo que quiero resaltar es la importancia de conectar con otras personas, sin miedos y regalándoles una sonrisa y un interés real acerca de sus vidas. Nos pasamos la vida inventándonos a los demás, en lugar de tratar de descubrirlos.

Nos presentan a alguien nuevo y rápidamente queremos sacar conclusiones sin atrevernos a observar las historias que nos estamos contando acerca de esa persona y que no nos dejan ver cosas nuevas que antes no veíamos; a escuchar cosas nuevas que antes no escuchábamos por el ruido interno de los pensamientos y a sentir lo que antes no sentíamos, por estar demasiado condicionados por nuestros temores.

Te invito a que te atrevas a descubrir y a experimentar a las demás personas sin inventártelos.

Nota: Esta historia está adaptada del cuento “¿Cómo tratar con personas difíciles?” que Guillermo Echevarría me dedicó en su libro “Tu Minuto de Coaching”. Puedes leer la historia completa en el blog que te recomiendo esta semana www.facebook.com/tuminutodecoaching.

¿Te han inspirado estas palabras?

Haz clic y consigue tu ejemplar aquí:

Reflexiones de Pepe Cabello. Las 4 estaciones

No dejes que estas reflexiones se queden solo en palabras… llévalas contigo.

Volver arriba
Carrito

Your cart is empty.