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EL ARTE DE SABER ESPERAR… ¡¡¡TRABAJANDO!!! Reflexiones

  • EL ARTE DE SABER ESPERAR… ¡¡¡TRABAJANDO!!!

¡¡¡…sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré!!!” (Mt, 25: 23)

Qué duda cabe que vivimos en un mundo de impacientes y minimalistas.

Muchas personas quieren resultados grandes sin pagar precios a cambio; es decir, aquello que siempre digo en mis cursos de que “Todos quieren ir al cielo, pero nadie se quiere morir” y que en el último libro de esta colección (Suite de Invierno) le dedicaré un artículo.

O aquello de querer “Una pesca grande y que pese poco”; el tema es querer resultados grandes con esfuerzos pequeños.

Pagar los precios del esfuerzo por lograr resultados es algo que cuesta que mucha gente entienda y menos aún saber esperar a estar listos para demostrar que “Porque supiste manejarte en lo pequeño, estás listo para lo grande”.

El ego nos juega malas pasadas al hacernos creer que somos más grandes y mejores de lo que realmente somos.

A muchas personas les basta una simple “palmadita en la espalda” animándoles, para cometer la locura de “saltar al vacío”, sin darse cuenta el daño que pueden llegar a provocar en sus vidas y en las de quienes les rodean.

Pensaba cuando reflexionaba en este artículo en Javier Hernández, más conocido por “Chicharito”, ya sabes…

Ese jugador de futbol nacido en Guadalajara (México) que paradójicamente llegó a ser el mejor de su país… ¡¡¡Sí, el mejor!!!

Chicharitoi supo estar en la sombra de una lista de “héroes del futbol galáctico”… en tiempos de Ronaldo y compañía. Me impactó ver cómo ha estado cada día entrenando como si fuera el titular, el que se jugaba cada domingo el gol de su vida. Nunca se queja, nunca critica, nunca enjuicia… simplemente trabaja duro… fiel en lo poco.

Chicharito Hernández” regaló al mundo el mejor ejemplo de lo que es saber esperar sin creerse que ya eres el mejor porque le habían “acariciado la espalda”; y ha demostrado ese grado enorme de Inteligencia Emocional, al saber esperar trabajando cada día dando lo mejor de sí mismo, su mejor concierto… su mejor versión… su mejor trabajo…

México, perdón… el mundo entero ha tenido en él una referencia de la sensatez humana y del “saber estar” y “saber ser”.

Pienso en la cantidad de personas que confundiendo la valentía con la insensatez, se han lanzado a hacer cualquier cosa solo con un auto-convencimiento de que ya estaban listos. Es como que a una estudiante de primero de medicina le digan: “Que buena eres para esto chica”, y ella dijera: “¡Guaaau… me monto una clínica ya!”.

Sé que la “mejor intención” cuenta mucho, es fundamental, pero yo no podría operarte de apendicitis con mejor intención, porque simplemente te voy a matar.

Además de tener una buena intención y además de desear las cosas con todo el corazón, ¡¡¡hay que saber!!!

Y saber de verdad requiere tiempo de trabajo en lo “pequeño”, para ir creciendo y asumiendo cosas de mayor envergadura.

Cuando miro mi vida y veo la cantidad de veces que me he equivocado por querer anticipar los resultados y los premios, me doy cuenta que mi impaciencia me ha jugado muy malas pasadas. No saber ser fiel en lo poco y desear lo grande me ha costado muchos disgustos.

Hoy, cuando miro atrás en mi vida y veo todos esos “errores”, me ruego a mí mismo que esté despierto para no caer en la impaciencia de nuevo; se trata de saber esperar y de ser capaz de decirle a mi ego que en lugar de decirme que “ya estamos listos” para lo que sea, se ponga a trabajar y a pagar precios grandes para lograr resultados grandes.

Quisiera acabar esta reflexión compartiendo la parábola de los talentos, que contó Jesús y que se registra el evangelio de Mateo:

«Un hombre iba a partir de viaje y reunió a sus compañeros para confiarles todas sus pertenencias. Al primero le dio cinco talentos de oro, a otro le dio dos, y al tercero solamente uno, a cada cual según su capacidad.
El que recibió cinco talentos negoció en seguida con el dinero y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo otro tanto, y ganó otros dos. Pero el que recibió uno cavó un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su patrón.

Después de mucho tiempo vino el señor de esos compañeros y les pidió cuentas. El que había recibido cinco talentos le presentó otros cinco más, diciéndole: “Señor, tú me entregaste cinco talentos, pero aquí están otros cinco más que gané con ellos”. El patrón le contestó: “Muy bien, compañero bueno y honrado; ya que has sido fiel en lo poco, yo te voy a confiar mucho más. Ven a compartir la alegría de tu patrón”.

Vino después el que recibió dos, y dijo: “Señor, tú me entregaste dos talentos, pero aquí tienes otros dos más que gané con ellos”. El patrón le dijo: “Muy bien, compañero bueno y honrado; ya que has sido fiel en lo poco, yo te confiaré mucho más. Ven a compartir la alegría de tu patrón”.

Por último vino el que había recibido un solo talento y dijo: “Señor, yo sabía que eres un hombre exigente, que cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has invertido. Por eso yo tuve miedo y escondí en la tierra tu dinero. Aquí tienes lo que es tuyo”.

Pero su patrón le contestó: “¡Compañero malo y perezoso! Si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he invertido, debías haber colocado mi dinero en el banco. A mi regreso yo lo habría recuperado con los intereses.

Quítenle, pues, el talento y entréguenselo al que tiene diez. Porque al que produce se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no produce se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese compañero inútil, quítenlo de mi presencia»”.

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