¿CON CUÁNTAS COSAS VIAJAS?
“No te apegues a nada, ni siquiera a tu opinión”
Hace varios años uno de mis mejores amigos viajó a Brasil para quedarse allí a vivir. Su trabajo, constancia y buen hacer hicieron que se quedara con una plaza como profesor de la universidad y de esta manera seguía caminando, no hacia su sueño, sino en su sueño.
Nos reíamos sobre la cantidad de cosas que las personas acumulamos a lo largo de nuestra vida y que la mayoría de ellas, simplemente no sirven para nada.
Regalos de cumpleaños, obsequios de congresos, libros que nunca se leyeron, artículos decorativos, ropas y utensilios que un día compramos, porque los vimos a buen precio… que absurdez tan grande.
Ir por la vida con pocas cosas es algo que te permite ser más libre de lo que somos. Quizá es una trampa esa de creer que tener éxito o ser feliz es acumular objetos como si se tratara de coleccionar materia.
Quizá una buena hipoteca hace más llevadera la vida de esclavitud a la materia y nos permita más aun tener y mantener la sensación constante de que no puedo moverme de donde estoy, porque tengo ”compromisos”, que es como les llamamos.
El ser humano nació para la libertad y no para la esclavitud. Nacimos para no poseer, sino para liberar. Poseer es un juego que le pertenece a nuestro ego y no a nuestro verdadero ser. Es nuestro ego quien desea tener y quien quiere, incluso a las personas.
Sentirnos en posesión nos hace cometer errores garrafales. Decir constantemente eso de “Mi casa, mi coche, mi reloj, mi empresa, mi pareja, incluso… mis hijos”, como si nos pertenecieran de verdad.
Nada de esto es cierto, y ese apego a las cosas y a las personas nos hace sufrir más de lo que imaginamos. De hecho, los celos solo tienen un origen, sentirse en posesión de la otra persona y tener una autoimagen lo suficientemente débil como para sentir que la otra persona puede elegir a alguien mejor que tú, eso monta una historia en la cabeza de quien, al final, termina experimentando celos; y de los celos al maltrato o a la violencia solo hay un paso.
Liberarnos del deseo de posesión es un primer paso hacia la libertad de nuestro ser. Si algo podemos poseer de verdad es la experiencia, solamente la experiencia, por lo que lo único que deberíamos de andar buscando constantemente son momentos especiales con personas especiales.
Lo único que vas a llevarte de aquí, de este mundo, es la experiencia o el momento vivido. Quizá pasamos demasiado tiempo buscando comprar cosas y poco tiempo buscando vivir momentos.
La vida se arma de pequeños instantes. La amistad se arma de momentos vividos y cuanto más intensos, más grande es esa amistad; no es el tiempo la que la forja, sino las experiencias.
Las familias crecen por momentos vividos, no por posesiones acumuladas.
El patrimonio más grande que podemos dejar a nuestros hijos, es esta creencia de que la vida solo es un momento que se crea de otros momentos más pequeños y que cuanto más agradables sean esos pequeños momentos, más felices decimos que somos.
Ser feliz es el gran objetivo del ser humano, lo pregunto en cada uno de mis seminarios y cursos; siempre me responden lo mismo. Pero siempre andamos persiguiendo la felicidad, como si fuera otra cosa a poseer, cuando la felicidad es una manera de vivir, una manera de relacionarte contigo mismo y a partir de ahí, con los demás.
La felicidad es la capacidad de vivir el momento… aquí y ahora… Además sin que nada ni nadie interfiera en la posesión de ese instante. Para ello, insisto, un primer paso debería de ser experimentar el desapego. Dejar que las cosas pasen por nuestra vida y se vayan sin aferrarnos a ellas. Viajar con poco equipaje.
“No te apegues a nada, ni siquiera a tu opinión”, decía Gandhi y qué razón tenía cuando nos hacía pensar que apegarse a cualquier cosa, incluyendo lo que pensamos, nos aleja de la felicidad plena. Querer tener razón, defender nuestro punto de vista como la única opción o defender a ultranza nuestra imagen, justificando nuestros errores, es un continuo apego y un alejamiento constante de la felicidad.
Me gustaría en esta reflexión dejarte con las siguientes preguntas: “¿Cuántas cosas sientes que te pertenecen?” y “¿De veras crees que son tuyas?”.
Si tuvieras que irte a otro lugar a vivir, algo que está ocurriendo cada vez más debido al nuevo paradigma de mercado que se nos ofrece… “¿Qué llevarías en tus maletas y qué dejarías atrás?”.
Es curioso que cuando pregunto en mis cursos qué es más importante acumular, siempre nos ponemos de acuerdo en que lo verdaderamente importante es acumular experiencias, sin embargo terminamos por meternos en la vorágine diaria y olvidamos que ser feliz no se posee sino que se experimenta.
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