SEMANA 28: Condicionados
“Revisa qué está generando en ti emociones no deseadas”
Hace unos años, mientras tomaba un café, recibí una llamada en mi móvil. Era un periodista preguntándome por algo que yo no conocía con detalle.
El equipo de mi ciudad, el Córdoba CF, estaba jugando muy bien, pero cuando faltaban más o menos ocho minutos para el final, algo sucedía y los jugadores entraban en un estado que les hacía perder el partido, en ocasiones incluso a pesar de ir ganando.
Cuando me explica con detalles todo esto, le doy mi opinión y le explico que lo que le está ocurriendo es lo que llamamos en PNL (Programación Neurolingüística) un anchoring o anclaje. Es decir, que un estímulo externo hacía desencadenar todo un estado emocional en el equipo y les hacía revivir con lujo de detalles cualquier otra situación anterior.
Para entender bien qué es un anclaje, podemos usar varios ejemplos.
Imagínate que vas conduciendo y de repente ves una luz roja sobre un poste verde, automáticamente frenas. No te has parado a reflexionar ni a razonar sobre lo que significa esa luz, para ti, se ha convertido en un estímulo visual que desencadena una reacción inmediata, frenar.
Todos tenemos canciones que nos recuerdan a situaciones especiales de nuestra vida.
Olores que nos traen al recuerdo a personas o sabores que desencadenan inclusive emociones por traernos una añoranza específica.
Estos son ejemplos simples con los que podemos entender lo que es un anclaje. Realmente todas las personas estamos llenos de ellos.
Esta investigación comenzó en los años comprendidos entre 1890 y 1900 con el fisiólogo y psicólogo ruso Iván Pávlov, quien descubrió a través de un experimento realizado con perros que estos quedaban en un estado condicional y relacionando el sonido de una campanita a comer, haciendo que cuando sonaba el ruidito del instrumento, y tras haberlos sometido a mucha repetición, los perros salivaran sabiendo que estaba ya por llegar su ansiado alimento.
Así quedó demostrado que inclusive las personas quedamos “enganchados” o anclados a estímulos de todo tipo y que estos, de igual manera que a los famosos “perros de Pávlov”, nos desencadenan sensaciones y emociones que relacionamos con ese disparador o estímulo.
A veces, lo mismo les pasa a equipos de trabajo que al pasar por situaciones de emociones vividas en alta intensidad quedan ancladas a un sonido, a un olor, a un gesto o a una simple mirada.
Descubrir cuáles son esos estímulos puede ser crucial para producir resultados totalmente diferentes.
Es importante resaltar que un anclaje solo se produce en un estado emocional suficientemente intenso o bien por repetición, siempre que esta repetición esté estrechamente relacionada con el acontecimiento; sí, como los perros de Pávlov.
Podemos cortar muchos de estos anclajes, llamémosles negativos, para que interfiramos en el proceso y así determinemos un resultado distinto o bien podemos elegir anclar aquellos estados emocionales óptimos que nos permiten tener resultados más grandes.
Por ejemplo, si yo me descubro a mí mismo que en una determinada emoción, digamos pasión, produzco mejores y más grandes resultados, puedo mediante ejercicios de repetición y viviendo esa emoción con la mayor intensidad posible, hacer algo con mi cuerpo, por ejemplo un chasquido, una palmada o un pequeño golpecito en el pecho, relacionar esa emoción a ese estimulo-
Así cuando necesite como recurso sentirme en el estado emocional de pasión, realizo en mí mismo ese estimulo, dándome ese golpecito o esa palmada, desencadenando así el proceso neurológico que terminará por hacerme sentir pasión.
Podríamos concluir que un anclaje es un proceso neuro-asociativo y que poder elegir estas asociaciones nos puede ayudar a tener y mantener resultados tanto más óptimos como más deseados.
En una ocasión tuve la oportunidad de trabajar con un equipo de futbol y anclar emociones que necesitaba el equipo para realizar una hazaña.
Fue espectacular ver como esos chicos jugaron su partido y como, rompiendo paradigmas, ganaron al equipo contrario. Supieron tener y mantener la emoción durante los noventa minutos y el resultado fue demoledor. De estas experiencias he hablado en otros artículos, pero permíteme que las rescate para ejemplarizar lo importante que es tomar las decisiones correctas.
En línea con todo lo anterior, te invito a revisar los estímulos externos que pudieran estar desencadenando en ti una emoción no conveniente para el logro de tus metas y espero que puedas romperlos para crear anclajes en tu vida que te llenen de pasión para poder vivir una vida más plena.
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